domingo, 8 de marzo de 2026

8 M


Y no super qué hacer, pensé que lloraría, pensé que gritaría, pensaría que me desmayaría, pensaría que me defendería con todo lo que tenía a mi alcance, que me resistiría... No hice nada, me quedé inerte, paralizada.

Pensé que sentiría asco, miedo, rabia... No sentí nada.

Era como si fuera solo un caparazón vacío .

Al principio escuchaba su respiración agitada y entrecortada y su aliento a licor acumulado de mucho tiempo, ese olor característico que también sale por los poros porque desde hace mucho lo que corre por las venas y lo que se suda es licor.

Sus manos eran grandes y ásperas, era muy delgado, podría ver claramente los huesos del esternón, las clavículas muy marcadas, los huesos de los pómulos le daban un aspecto calavérico , aún así sentía que el peso de su cuerpo aplastaba el mío y lo inmovilizaba.

Todo terminó en unos 10 minutos pero en esos 10 minutos recordé a Sandra qué me contó que vivió la misma experiencia desde los 8 a los 13 años, en su casa, cada noche, un día su hermano, otro su primo, otro su padre...

Recordé a Miriam, que me contó que vivió una experiencia similar a los 17 con su entrenador de voleibol, quién le arrebató los sueños, la ilusión de un futuro diferente, la confianza, la vida... 

Pensé en América, que me contó que tuvo la valentía de huir de su casa y llevarse a su hermanita para salir de aquel infierno, encontró refugio en una iglesia pero al poco tiempo el demonio las encontró de nuevo, a través de los ojos del pastor, y entendió que el infierno no era un lugar, el infierno habitaba en ella y la acompañaría a donde fuera que fuese.

Pensé en Carolina, Sabrina, Carla, Julia, Sofía, Ester, Mari... En cada mujer que he conocido, de todas las edades; no he conocido aún a una sola mujer que no haya experimentado algún tipo de experiencia similar y ninguna supo qué hacer porque nunca debió pasar.

Pensé en el hombre que ofreció montarme en su carro y chuparme los senos apenas saliendo cuando yo tenía 12 años, en todos los que se han creído con derecho de tocar mis manos, mis piernas y mi rostro en la calle, en los que me han susurrado cosas al oído o las han gritado a vox populi... Todos esos momentos y personas se conjugaron en este nuevo ser que finalmente consumó lo que muchos otros no habían podido hacer.


Terminan los 10 minutos, logro por un segundo ver sus ojos, eran simples cuencas vacías , no había vida, no había brillo, no había alma, eran un reflejo de los míos.


Permanecí ahí, sin saber qué hacer ni querer hacer nada y sigo ahí, pasan los días, salen palabras de mi boca, entra y sale aire por mi nariz, mis piernas se mueven una primero y otra después, mis ojos se cierran y se abren al cabo de varias horas, mis dientes mastican, mi corazón galopa con naturalidad pero yo... yo nunca me fui de aquel lugar y nunca supe qué hacer.

jueves, 26 de noviembre de 2020

El intruso

 Y cedimos. 
Él cedió a mis indirectas, yo cedi a su propuesta. 
Debo confesar que estaba nerviosa pero eso no me detuvo, jamás lo ha hecho. 
Era algo nuevo, algo excitante. Con cada beso me iba entregando más, con cada prenda caída también caían las paredes de la rutina en la que estaba atrapada desde hace tanto. 
En la vorágine del momento ya no había culpa, solo su aroma que impregnaba todo el aire y yo al borde de la locura.
De repente una visión terrible, grotesca.

   "Que-que"

Ese pequeño animal, con ojos saltones cuya mirada no me quitaba de encima.

   "Que-que"

Podía notar a través de su delgada y translúcida piel un diminuto corazón latiendo rápido.
Me observaba, sabía lo que estaba haciendo, me juzgaba por el pecado cometido.

   "Que-que"

Ese sonido infernal.
 
   "Que-que, que-que"

Sentía que mi corazón se aceleraba cada vez más y no era por el otro cuerpo que me acompañaba, era por el escurridizo animal que no solo continuaba con sus ojos clavados en los míos sino que además, me hablaba, me reprochaba, me preguntaba...

   "Que-que, que-que, que-que"

- ¡¿Que cosa?! ¡¿Que quieres?! ¡¿Quítate?! - grité con desprecio.

Mi compañero me observó con perplejidad. Trate de explicarle que no le grité a él, era el animal que nos observaba, que sabía lo que hacíamos, que nos amenazaba, nos retaba.

- Es inofensivo e insignificante, ni siquiera es el más imponente de su especie- Me dijo.

Él no veía lo que yo veía, a él no lo amenazaba con sus asquerosos y saltones ojos negros, a él no le decía...

   "Que-que, que-que, que-que"

La de la falta era yo, la imperdonable era yo. 

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, las náuseas se apoderaron de mí y aún así, no podía dejar de ver al animalejo.

   "Que-que, que-que, que-que, que-que"

- ¡¿Que-que qué?! ¡¿Qué quieres?!

El animalejo no salía de su estupor, no podía creer lo que estaban viendo sus terribles ojos, estoy segura de que me siguió hasta aquí, estoy segura de que sabe quién soy. 
Su diminuto corazón parecía ir cada vez más rápido al igual que el mío.
Cuando pensaba que no resistiría más, movió la cola y sacó la lengua.

¡Grité! Grité con todas mis fuerzas, grité con asco, con irá.

   "QUE-QUE, QUE-QUE, QUE-QUE, QUE-QUE, QUE-QUE"

Grito también el intruso.

- ¡Se acabó!, voy a llamar a mantenimiento para que maten ese animal, ¡no vengo más a este hotel!- dijo mi amante, alejándose de mí.

¿Era eso lo que quería ese diminuto y despreciable animal?, ¿Qué mi cuerpo estuviera tan frío como el de él?


Se salvó, se escurrió, pero sabe lo que vio. Cada noche escucho a lo lejos.

   "Que-que, que-que"

Está ahí afuera, recordándome mi secreto.

lunes, 24 de agosto de 2020

Reto Escribirme. Día 20: Un lugar que amo

 


Me permitiré caer de brazos abiertos en lo ridículo y diré que el lugar que amo es entre tus brazos, ya que es donde no existe el tiempo, en dónde puedo permitirme ser realmente yo, dónde existe el clima perfecto, el aroma perfecto.

Luego de algunas perdidas importantes, materiales y espirituales, perdidas de cosas y personas que no me pertenecían realmente pero que mi ego lo ha sentido así, he entendido que el lugar que amo es aquel en el que me encuentre en paz conmigo misma. 

Han habido lugares geográficos en los que he encontrado esa paz, pero luego, en algún momento retorno buscándola y ya se ha ido y entonces me entero que la paz no se hallaba en ese lugar sino en quien era yo en aquel momento. 

Yo soy mi hogar, y sin embargo, cuantas veces he querido salir de mí, huir de mi misma.

Si hay algún lugar en el que puedo refugiarme incluso cuando quiero huir de mi, ese "lugar" eres tú. Tú que ya no puedes leer lo que escribo. Tú, el único abrazo que jamás me ha incomodado. 

Tu eres a quien anhelo volver. 

lunes, 10 de agosto de 2020

Reto Escribirme. Día 18: Roturas y rupturas

 

Salte y caí mal. Sentí un dolor intenso que me subió por la pierna, la espalda y llego hasta el cuello y la cabeza, me sentí mareada, trague agua, me desorienté. Logre salir de la piscina, no podía afincar bien el pie. Fue el dedo medio del pie derecho. Me encerré, mordí una toalla, me estire el dedo y yo sola me lo entablille con una paleta de helado. Sude frío, casi de desmayo. No pude caminar bien por dos semanas, todos los dedos y parte del pie se pusieron morados, casi negros. Casi nadie lo supo ni lo sabe.

Siempre he sido cobarde, nunca he roto con nadie directamente. Mi "técnica" es hacer que la otra persona me odie tanto o se decepcione tanto de mi que me deje. Igual causo dolor pero al menos la otra persona no se siente botada sino que tomó una sabia decisión al dejarme y yo me libero de cierta responsabilidad. "... Todo hombre destruye lo que ama, el valiente con un beso, el cobarde con una espada"

Además de ese dedo y una que otra uña de vez en cuando, nada más se ha roto. 

No se los dije en persona. Solo me aleje, solo los saque de mi vida. Curiosamente, no me tiembla el pulso para sacar de mi vida amigos o conocidos. Ya no me sentía cómoda con ellos, ya no tenía nada más que dar, ni ellos a mi. Les agradezco su paso por mi vida, perdono cualquier molestia, dolor, incomodidad o resentimiento y los dejo ir.

Una sola vez he prometido ser fiel y rompí esa promesa. No he roto más promesas porque, en honor a la verdad, no suelo prometer nada. 

La ley la he roto varias veces pero nunca me han capturado. He roto confianzas, sueños ajenos, esperanzas y otras cosas que no so mías. 

Aunque lamento el dolor que cada rotura o ruptura ha causado, no me arrepiento de las decisiones tomadas.



Reto Escribirme. Día 19: Rituales matutinos

 

Despierto. Pienso en ella, pienso en él. Respiro profundo, cierro los ojos, trato de hacer memoria de los sueños que tuve, lo logro brevemente pero de inmediato me invaden cientos de pensamientos, respiro, doy un vuelta en la cama, me aturden los pensamientos, los mando a callar, respiro, otra vuelta, empieza el dolor de cabeza, respiro, abro los ojos nuevamente, doy vueltas por media o tal vez una hora más. Giro, lo veo, a veces lo quiero, a veces me pregunto qué hacemos aquí. Me levanto, voy al baño, hago pipí, me cepillo los dientes, lloro, a veces sin lagrimas, siempre tapandome la boca para que nadie escuche, respiro, agradezco por la vida de quienes amo, me veo al espejo, respiro, aún me duele la cabeza, me pongo la máscara del día.

Me abraza.

- Tengo hambre, mamá.

- Buenos días, mi amor. Ya te preparo desayuno.

- No, tú no, mi abuelo.

- Deja a tu abuelo quieto.

Lo veo de espaldas, lo amo, me dan ganas de llorar de nuevo, respiro para que no se note, sonrío.

- Hola, hija, ¿quieres café?

- No, papi, gracias.

Lo abrazo. Respiro. Pensandolo bien, sí quiero café. 

Empezó el día.

Reto Escribirme. Día 17: Algo que no

 

Algo que no... Algo que no me gusta, algo de lo que quiera quejarme. No lo sé. Tal vez precisamente algo que no suelo hacer es quejarme. Claro que hay cosas que me incomodan, claro que hay cosas que me molestan pero algo que no logro entender es precisamente a las personas que se quejan por todo y a quienes todo les molesta, personas que parecieran odiarlo todo. Personas que absolutamente todo lo critican. Son tan soberbios que quieren acabar con medio mundo, odian el lugar en el que nacieron, detestan a personas que consideran de algún modo ignorantes, creen que tienen una inteligencia superior y están confiados en que tienen la razón. 

La verdad es que por mi mente pasan tantas cosas y hay tanto que aprender y sanar en mi vida que no queda espacio para el juicio hacia otros. Tal vez por eso inspiro tanta confianza y muchas personas se sienten cómodas contándome cualquier cosa, por atroz o privada que sea. 

Hay tantas cosas que no comprendo del mundo que algo que no se si pasará algún día es la sensación de creer que soy la única persona cuerda que existe y con esto tal vez yo misma habré pecado de soberbia, lo cual me da esperanza.

Reto Escribirme. Día 16: Clima imaginario



Bienvenidos a uno de mis hogares.

Sé que a varios no les gustará y eso está muy bien porque aunque hoy les abro las puertas, no es un lugar donde quiero que habiten muchas personas pero si eres alguien a quien le agrada esto y además te agrado yo, entonces tal vez te invite de nuevo.

En este lugar se respira frío. Un frío increíblemente agradable, intenso pero que no duele. Perfectamente puedes estar descubierto porque a pesar de lo gélido, los dedos de tus manos, tus pies, tu nariz y tus orejas se mantienen tibios. 

Desde que amanece hay un color entre gris y anaranjado. Siempre hay sol pero no es un sol intenso que ciega, es un sol cálido, como una foto en sepia o una tarde de otoño en el parque El retiro de Madrid, perfecto para caminar, para no pensar, para besar...

La brisa fría y cómoda te acaricia las mejillas, te hace sonreír, te trae sensaciones de calma y amor. 

Éste es tu lugar. Esas son las palabras que susurran en tu mente. Respiras profundo en un intento de poseer todo el aire que te envuelve. Las hojas secas y perfectas revolotean a tu alrededor, caen algunos copos de nieve, sigues caminando, no quieres parar, no tienes prisa, no vas a ningún lugar. El equilibrio perfecto. No sudas, no hay calor, no hay cansancio.
Estás realmente cómodo por primera vez en tu vida y solo ahora lo sabes.
Estás dónde tienes que estar.